Capítulo 2:
" Otras Realidades "
Al final de cuentas, la vida hay que vivirla al máximo, lo bueno y lo malo, al final de toda experiencia se aprende, y siempre hay alguien que está mejor o peor que nosotros.
Después de tan estúpida decisión, que ya comenté antes, comencé a pensar, a recordar y comprendí que no vale la pena, nunca, jamás, hacerse daño a uno mismo, menos por quien no lo merece. Al final de cuentas, la vida hay que vivirla al máximo, lo bueno y lo malo, al final de toda experiencia se aprende, y siempre hay alguien que está mejor o peor que nosotros.
Fue entonces, cuando decidí seguir con mi nueva vida, y dejar todo el pasado atrás, en verdad y obviamente, mi corazón y mis pensamientos, mi ser, estaban con mis amigos y con mi familia, pero decidí no quedarme estancada y seguir caminando en este nuevo sendero de mi existencia. Comencé a tomar el estudio como una salida a todos mis problemas, como esa vía de escape que tanto necesitaba. También comencé a observar lo que sucedía en la casa, porque allí habían más mujeres y niños con los mismos pesares y las mismas tristezas. Se que el maltrato no tiene nunca justificación, pero debo confesar que muchas veces sentí que algunas de esas mujeres se merecían lo que les estaba pasando, eran descuidadas con sus hijos, los dejaban sin siquiera sentir algo de remordimiento. Juro que aún no logro entenderlas. A veces me encontraba con un pequeño sentado en las escaleras de la casa, llorando, de hambre, porque ninguna era capaz de hacer ni siquiera un poco de comida para sus hijos. Sin duda, lo más doloroso, era ver, todo los días, como una pequeña niña lloraba, y su mamá enojada, la sacaba de la pieza y la dejaba tirada afuera, mientras ella se encerraba y se dormía.
Pero entre todas ellas, habían excepciones, había una pequeña niña que me robó el corazón, su nombre es romina! … era un ángel, mi salvación, estando con ella, se me olvidaba todo, me alegraba el día, yo la cuidaba, cuando su mamá trabajaba, nos queríamos mucho, y su madre fue una gran amiga, en esos tiempos tan difíciles.
En el Liceo, las cosas estaban diferentes, cambie de amistades, creo que fue para mejor. Al pasar los días me hice muy amiga de Fernanda, una simpática y original adolescente, que disfrutaba del tiempo dibujando y conversando, recuerdo no haber puesto atención más de una vez por seguir atenta sus anécdotas. También había otra niña, Daniela, llegó después que yo, ocupo mi lugar de nueva, aunque vale decir que se adapto muy bien y muy rápido al curso, era muy entretenida, simpática, siempre recuerdo que decía que se vestía en la sección para niños de las tiendas. Las tres nos hicimos buenas amigas, compartíamos conversaciones, lindos momentos y muchas risas. Sin duda fueron muy importantes en esos momentos de mi vida, sin saberlo alegraron muchos de mis días tristes, sin querer llenaron el gran vacío que había en mi, por eso a pesar de la distancia, siempre las recuerdo...siempre, porque, son absolutamente inolvidables para mí.
Otra gran amiga, se llamaba, Claudia, tenía un hijo, y esperaba otro. Era sin duda, una madre excelente, se preocupaba de las comidas, los cuidados, hasta de la música que escuchaba Fernando. A veces llegaba a ser sobreprotectora, pero era una muy buena mamá. Aunque yo veía todo perfecto en ella, decían que tenía problemas psicológicos, yo al principio no creía, decían que estaba un poco loca, que su marido nunca la había golpeado como ella decía y que no estaba embarazada, que todo eran inventos de ella. Fue un tiempo complicado, se fueron a juicio por la tutela de Fernando y ella perdió, no estaba psicológicamente apta para cuidarlo, aún recuerdo sus ojos, y su triste mirada, cuando llegó a mi dormitorio con su bebé en los brazos diciendo-despídete de Fernando, se va- ella lo abrazaba fuertemente, mientras caminaba por los pasillos de la casa, lo besaba y acariciaba, hasta que lo entregó a los brazos de sus
abuelos paternos. Se lo llevaron y ella estaba destrozada.
La verdad yo también, no me gustaba verla así.
Los días pasaron y surgió una relación muy linda entre las dos, nos acompañábamos i apoyábamos, compartíamos nuestras alegrías y tristezas, recuerdo que ella me decía hija y yo momi a ella, creo que fue en ese momento cuando di por cierto lo que decían. Ella pasaba pendiente de mí, siempre estuve muy agradecida de eso, y lo estoy aún, pero había algo extraño en su manera de ser, era sobreprotectora y si yo quería algo, de inmediato lo conseguía, aunque yo no se lo pidiera. En cierto momento, comenzó a tener ideas locas, mirándolas desde su dolor y tristeza no lo eran claro, me decía constantemente… hoy iré a ver al Fer, podrías acompañarme y me esperas afuera, yo lo saco, te lo entrego, y tú te arrancas, me esperas en un lugar cerca y nos vamos de acá, si nos vamos, a donde vives tú, tu vuelves a tu casa y yo tengo de vuelta a mi hijo, ¿me ayudas? … Debo decir que muchas veces lo pensé, pero la verdad su expresión y la manera en que decía esas cosas no me gustaba, a veces me daba miedo, y claro, aunque sentía muchas cosas en esos momentos, rabia y rencor, también pensaba en mi mamá y mi hermana, simplemente, no era capaz de dejarlas.
Debo decir que en cierto modo entendía su actitud, no debe ser fácil, vivir después que te han quitado algo tan importante, la entiendo demasiado, no perdí un hijo, pero si muchas cosas importantes. Aunque, claro no tengo hijos, pero si habían en ese entonces unos pequeños muy importantes para mí, digo en ese entonces porque ya no están tan pequeños, pero los sigo queriendo demasiado.
Recuerdo como si fuera ayer cuando los vi, después de tanto tiempo, sentí que me había perdido tanto de ellos, pero ese dolor ya casi no se notaba, lo cubría la alegría que sentí cuando por fin pude abrazarlos, tomarlos en mis brazos, y decirles lo mucho que los había extrañado, aunque ellos no entendieran lo que yo decía.
Sus nombres son, Cristián y Guillermo, hijos de mi madrina, Andrea, una persona muy importante para mi. Al igual que sus hermanos, Soraya, mi fiel amiga y consejera; y Wilfredo, mi padrino. A los tres los aprecio mucho, ocupan un lugar muy importante y muy grande en mi corazón. Siempre están cuando los necesito, en verdad son como mi segunda familia, o más bien forman parte de mi gran familia. Por eso cuando los vi, me emocioné tanto que no podía parar de llorar, había pasado bastante tiempo, y nada como un abrazo de ellos podía calmarme y hacerme sentir tan segura, como me sentí en ese momento.
Esa tan esperada visita, me dio, sin duda, las fuerzas que necesitaba para seguir adelante, me llenó de alegría.
Después de eso ir al liceo, ya no era un suplicio, era mas bien algo maravilloso, tenía nuevas amigas y todo iba muy bien, aunque no dejaba de extrañar a mis amigas del alma, realmente me hacían mucha falta, necesitaba su apoyo, un abrazo o simplemente escuchar sus voces, que me dijeran, tranquila amiga, todo esto pasará y muy pronto volveremos a vernos, te extrañamos, o algo así, siempre quise eso, pero lamentablemente no era posible, la vida nos había alejado de improviso, y no estaba en nuestras manos hacer algo, se preguntaras que si acaso no servía el celular o un mail, pero eso era mas que imposible, en la casa donde estaba viviendo se encargaron de quitar cualquier objeto que sirviera de contacto, no tenía celular, ni nada. Por eso contactarme con alguien, se hacia muy difícil.
En fin, el tiempo avanzaba, los días pasaban, y yo seguía donde mismo, aquellos tres meses, que aquel día, mientras lloraba en ese bus, la asistente me dijo que estaría en esta casa, ya habían pasado hace mas o menos un mes, y eso comenzó a traer a mi, una desesperación inmensa, estaba ansiosa y esperaba el día en que me dijeran que podía volver a mi casa, pero simplemente no llegaba.
Continuará....
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¸.•´¸.•*´¨) ¸.•*¨)(¸.•´ (¸.•` ¤ Neera ❤




amiga eres la segunda modelo a seguir para mi te adoro :)
ResponderEliminar+.+ :O amiiga! Graciias! T adoro tambiien! Mucho! Demasiado!
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